¿Cuánto cuesta un software a medida?
El precio de tu software lo decides tú mucho más de lo que crees. No lo fija la tecnología ni el proveedor: lo fijan cuatro o cinco decisiones que tomas —a veces sin darte cuenta— antes de que nadie escriba una línea de código. Esas decisiones son las que vamos a poner encima de la mesa, junto con la partida que casi nadie te menciona y que aparece cuando la factura ya está pagada.
Por qué desconfías con razón del que te da un precio por teléfono
«Software a medida» no es un producto, es una categoría —como «obra»—. Preguntar cuánto cuesta se parece a preguntar cuánto cuesta una reforma: puede ser cambiar un baño o levantar una nave, y entre las dos cosas hay dos órdenes de magnitud.
Por eso cualquiera que te suelte una cifra sin haber entendido tu proceso está haciendo una de estas dos cosas: o disparar al aire para engancharte, o poner un número bajo que después recuperará cobrándote como «fuera de alcance» todo lo que no preguntó. Ninguna de las dos te conviene.
Lo que sí se puede explicar, y aquí lo explicamos, es qué mueve la cifra. Con eso podrás mirar cualquier presupuesto —el nuestro o el de otro— y saber si es razonable.
Los cinco factores que mueven la cifra
Prácticamente todo el precio de un desarrollo sale de estas cinco variables. Cuando recibas un presupuesto, mira cuál de ellas está disparando el número:
1. El alcance (lo que hace)
Cuántas pantallas, cuántos procesos, cuántos perfiles de usuario distintos. Es el factor dominante y también el más fácil de controlar: la mayoría de los proyectos que se van de precio no lo hacen por la tecnología, sino porque el alcance creció por el camino sin que nadie lo frenara.
2. Las integraciones (con qué tiene que hablar)
Un sistema aislado es barato. Uno que tiene que sincronizarse con tu ERP, con la pasarela de pago, con el sistema de tu proveedor y con una máquina del almacén que habla un protocolo de 2009, no lo es. Cada integración con un sistema externo añade trabajo y, sobre todo, añade incertidumbre: dependes de la calidad de la documentación ajena.
3. El dato existente (de dónde vienes)
Migrar quince años de histórico desde un sistema viejo, con datos sucios y duplicados, puede costar tanto como construir la aplicación nueva. Es la partida que más se subestima en los presupuestos.
4. Las exigencias no funcionales
No es lo mismo una herramienta interna que usan diez personas que una plataforma que debe aguantar picos de miles de usuarios, estar disponible 24/7 y cumplir requisitos estrictos de protección de datos. La funcionalidad puede ser la misma; la ingeniería que hay debajo, no.
5. Quién lo hace
El perfil del equipo. Y aquí conviene decirlo claro: el precio/hora barato es casi siempre el más caro a final de proyecto. Un equipo sin criterio de arquitectura entrega algo que funciona el primer día y que en un año es imposible de tocar. Eso tiene nombre —deuda técnica— y se paga con intereses.
En qué liga juega tu proyecto
No te vamos a inventar una horquilla en euros: sería un número puesto sin conocerte, y ya hemos dicho lo que valen esos números. Pero sí puedes situarte, y para eso lo que importa no es el precio absoluto sino la distancia entre unos proyectos y otros.
Tomemos como unidad de referencia el proyecto más pequeño que tiene sentido encargar —automatizar un proceso concreto— y llamémoslo ×1. Todo lo demás se mide contra eso:
| Tipo de proyecto | Qué incluye | Escala |
|---|---|---|
| Automatización o herramienta interna | Resolver un proceso concreto que hoy se hace a mano o con Excel. Pocos usuarios, sin integraciones. | ×1 |
| Primera versión de un producto (MVP) | Una aplicación web o móvil con su funcionalidad núcleo, lista para ponerla delante de usuarios reales. | ×3 – ×4 |
| CRM o ERP a medida (primera fase) | Un área de gestión completa —comercial, almacén, facturación— sustituyendo de verdad lo que usas hoy. | ×5 – ×6 |
| Plataforma o sistema multiárea | El sistema central de la empresa: varias áreas conectadas, integraciones, migración del histórico, alta disponibilidad. | ×10 o más |
La lectura útil de esta tabla no es hacia abajo, es hacia arriba: si tu presupuesto da para un ×1 y lo que tienes en la cabeza es un ×6, ya lo sabes antes de sentarte con nadie. Y no significa que no puedas hacerlo — significa que tienes que empezar por una parte, no que tengas que renunciar.
Lo que nunca funciona es intentar comprar un ×6 al precio de un ×1. No sale un ×6 barato: sale un proyecto a medias, que es la forma más cara de gastarse el dinero. Un proveedor honesto te dirá que no cabe antes de aceptar el encargo.
Los tres modelos de contratación (y cuál te conviene)
El precio también depende de cómo lo contrates. Hay tres formas, y cada una traslada el riesgo a un sitio distinto:
| Modelo | Cómo funciona | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|
| Precio cerrado | Alcance definido, cifra fija. El riesgo lo asume el proveedor, así que lo cubre con un margen. | Cuando sabes exactamente qué quieres y no va a cambiar. Ideal para fases bien acotadas. |
| Bolsa de horas | Compras horas y las consumes según prioridad. Máxima flexibilidad, el riesgo es tuyo. | Evolutivos, mejoras continuas y trabajo donde el alcance se descubre sobre la marcha. |
| Equipo dedicado | Un equipo externo trabajando en exclusiva para ti, con coste mensual. | Cuando el desarrollo es continuo y quieres capacidad estable sin contratar en plantilla. |
Nuestra recomendación práctica: precio cerrado por fases. Cierras y pagas la primera fase, la ves funcionando, y solo entonces decides la siguiente. Tienes el control de un precio fijo sin apostar todo el presupuesto a una especificación escrita antes de haber visto nada.
El coste que casi nadie te cuenta: lo que viene después
Aquí es donde se rompen la mitad de los presupuestos de las empresas. El software no se termina: se entrega y empieza a vivir. Cambia la ley, cambia tu operativa, aparece un navegador nuevo, alguien encuentra un fallo.
Una regla razonable: reserva en torno a un 15–20% del coste de desarrollo, al año, para mantenimiento y evolutivos. Sea cual sea tu cifra de partida, aplícale ese porcentaje y súmalo a tu plan a tres años. Si un proveedor no te menciona esta partida, no es que te salga gratis: es que aún no te la ha cobrado.
El presupuesto de un software no es el precio de construirlo. Es el precio de construirlo más el de tenerlo vivo tres años.
Cómo pagar menos sin comprar peor
Hay formas legítimas de bajar la factura. Ninguna de ellas es «buscar a alguien más barato».
- Empieza por lo que duele. No construyas el sistema entero: construye el área que más dinero te está costando hoy y deja que financie la siguiente fase. Es la lógica del producto viable mínimo aplicada a la gestión interna.
- No reinventes lo que ya existe. Facturación, pagos, correo, autenticación: hay piezas resueltas. Lo a medida debe ir donde está tu diferencia, no donde eres igual que todos.
- Aprovecha las deducciones. Un desarrollo propio es un activo y puede desgravar: entre el 12% y el 42% de la inversión puede volver vía Impuesto de Sociedades. Lo contamos entero en las deducciones fiscales del software a medida. Es, con diferencia, la palanca que más baja el coste real.
- Exige método. Un equipo que especifica antes de programar y automatiza sus pruebas gasta menos horas en rehacer. Así trabajamos nosotros, y es la razón de que el mismo alcance salga por menos.
Señales de un presupuesto que te va a salir caro
Cuando compares ofertas, desconfía si ves esto:
- Una cifra sin desglose. Un presupuesto con una sola línea —«desarrollo de la aplicación»— y un total al final no es un presupuesto: es un número. Tienes que ver las partidas, entender qué hay en cada una y poder discutirlas por separado.
- Un precio muy por debajo del resto. Si pides tres ofertas y una vale la tercera parte que las otras dos, esa no es la buena noticia que parece: o no ha entendido el proyecto, o lo ha entendido y piensa cobrarte la diferencia más adelante en forma de «esto no estaba en el alcance».
- El código no es tuyo. Léelo en el contrato. Si al terminar no te llevas el código fuente, no has comprado un software: has alquilado una dependencia. Esa es justamente la ventaja que buscabas al ir a medida.
- Nadie te ha dicho que no. Un buen proveedor te quita cosas del alcance en la primera reunión. El que te dice que sí a todo te está vendiendo, no asesorando.
Entonces, ¿cuánto te va a costar el tuyo?
Sale de cruzar dos cosas: en qué liga juega —eso ya sabes situarlo— y cuánto de todo eso necesitas de verdad ahora. Lo segundo es donde está el dinero, y casi siempre es menos de lo que se piensa al principio.
Esa conversación se tiene en una llamada, no en un proceso comercial de tres semanas. Cuéntanos qué proceso quieres resolver y te decimos con franqueza qué haríamos primero, qué dejaríamos para después y qué te podemos cerrar a precio fijo. Y si creemos que a ti te sale mejor un producto de catálogo que un desarrollo a medida, te lo diremos igual: preferimos perder un proyecto que meterte en uno que no te conviene.
Una aclaración necesaria: en este artículo no encontrarás una tarifa, y es a propósito. Un precio publicado sin conocer tu proceso, tus integraciones y tus datos no sería honesto: o se queda corto y te lo tendrían que subir después, o suena caro para algo que en tu caso quizá no lo sea. El presupuesto de un desarrollo a medida se hace mirando tu alcance real, y eso son treinta minutos de conversación.
¿Quieres una cifra para tu proyecto?
La única forma seria de dártela es escuchando primero qué necesitas. Cuéntanoslo y te respondemos en 24 h con una propuesta honesta: qué haríamos, en qué orden y a qué precio.
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